Debemos dejar de decir estas frases nuestros hijos

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Debemos dejar de decir estas frases nuestros hijos

Dice la frase que “La pluma es más fuerte que la espada”, que es una manera de decir que la inteligencia tiene más poder que la fuerza. Un buen diálogo puede ayudarnos a educar a nuestros hijos sin utilizar la fuerza, las palabras más fuertes pueden hacer mucho más daño que cualquier sandalia.

¿Puedes, ó mejor lo hago yo?

Los niños, por ser niños, no tienen las habilidades ni la experiencia que tenemos los adultos; es decir, están aprendiendo a hacer las cosas, están intentando ganar autonomía y ser cada día más hábiles e independientes. Para ello tienen que probar a hacer cosas, tienen que intentarlas, y en ese proceso, que puede ser lento, cometerán probablemente errores de los que tendrán que aprender.

No llores

El llanto es la expresión de un sentimiento de frustración, tristeza, rabia, ira…, que son emociones intensas que, por negativas, tendemos a evitar, anular o enmascarar en lo que es un error que como sociedad llevamos años cometiendo. Igual que la alegría es una emoción a la que damos mucha validez, todas esas emociones deben ser también tenidas en cuenta, sobre todo cuando los niños son pequeños, para que las conozcan, para que sepan cómo se presentan, las razones, y para que puedan trabajarlas.

¿Es que no puedes ser igual que Fulano?

Cada niño es único e irrepetible, y enviar el mensaje de que alguien tiene que tomar como ejemplo a otro niño es dañino para ambos, porque se da a entender que uno es mejor que el otro. Los cambios de comportamiento y aprendizaje deberían venir desde lo positivo, trabajando aquellas cosas que un niño sabe hacer bien, desde sus puntos fuertes, potenciando esas cosas que lo hacen único.

¿Estás seguro de que quieres comer eso?

Cuando un niño lleva una dieta que podría ser poco saludable, o si empieza a tener algo de sobrepeso, muchos padres intentan modificar hábitos atacando a las elecciones que consideran erróneas, sin tener en cuenta que probablemente esas elecciones son las que a ellos no les han parecido mal durante tantos años.

Ya verás cuando venga papá (o mamá)

Una frase muy típica de nuestra infancia, cuando nuestra madre dejaba que el que pusiera orden en casa fuera “papá”. El problema es que se cometían dos errores: acabábamos sintiendo verdadero pánico por papá, que llevaba a cabo un castigo sobre una acción que había pasado horas atrás y que no había presenciado, y nos dábamos cuenta de la poca autoridad que tenía nuestra madre, que nos demostraba que no era capaz de controlar la situación.

No pasa nada, no ha sido nada

Similar al “no llores”, cuando un niño se hace daño y llora es habitual que enseguida le digan (de nuevo para que no llore), que no pasa nada, que no ha sido nada, lo limpien rápido y lo pongan a jugar cuanto antes.

Te lo prometo

No es que esté mal de por sí. Dar nuestra palabra de que haremos algo y cumplirlo enseña a los niños lo que es el compromiso. El problema viene cuando prometemos algo que luego no cumplimos. El mensaje que recibe el niño es nefasto, porque rompemos su confianza completamente, y damos a entender que los compromisos, o una promesa, no tienen validez.

Pero, ¿cómo puede darte miedo?

El miedo puede ser limitante y totalmente irracional, tanto que por más que le expliques por qué no debe temer algo, no atienda a razones. El que a nosotros no nos dé miedo algo que a otra persona sí, no hace que ese miedo no tenga cierto sentido. De igual modo, nosotros podemos tener mucho miedo a algo que a otra persona le parezca ridículo (a las agujas, a las alturas, a…), y no por eso debemos ser ridiculizados o nuestro sufrimiento minusvalorado.

Porque lo digo yo

Cuando saltamos de la autoridad al autoritarismo perdemos la capacidad de ser justos y de merecer ser respetados por nuestra capacidad para educarles.
Aunque nos lo decían muy a menudo: “Porque lo digo yo, y punto”, lo que provoca aprendizaje es la explicación, los argumentos y la reflexión posterior del niño que, estando o no de acuerdo, al menos tendrá una justificación al “Sí” o al “No”.

Es mejor educar con confianza que con amenazas, es mejor crecer pensando que tus padres confían y creen en ti, que para tus padres lo raro es que puedas llegar a comportarte de manera adecuada.